martes, septiembre 21, 2010

AGENCIA PERIODÍSTICA DEL MERCOSUR:

Economía y Política
Un momento histórico crucial
Venezuela y Brasil: claves para el futuro de América Latina
En un contexto mundial de disputa ideológica, las próximas elecciones presidenciales en Brasil y las parlamentarias de Venezuela se erigen como fundamentales para la continuidad de los procesos de integración regional latinoamericana.
Montaje APM
Por Diego Ghersi | Desde la Redacción de APM
En los próximos treinta días se desarrollarán en 
Sudamérica dos instancias electorales de capital importancia:
los comicios parlamentarios venezolanas del día 26 de setiembre y los presidenciales del 3 de octubre en Brasil.

Ambas instancias, que son clave para la continuidad del fortalecimiento regional,
enfrentan en conjunto una estrategia opositora externa que tiene su máximo esfuerzo en las acciones de desestabilización sobre el evento venezolano.

Dicha estrategia no es casual, sino que deriva del hecho de que es muy poco probable que la acción de gobierno encarada por Luiz Inacio Da Silva en Brasil -cuya continuación está encarnada por la candidata oficialista Dilma Rousseff- resulte derrotada en los comicios brasileños. De hecho,
las encuestas predicen para Rousseff un holgado triunfo en primera vuelta.
Pero en el caso de Venezuela la victoria de las fuerzas lideradas por Hugo Chávez no está asegurada y es por eso que el proceso electoral venezolano aparece como talón de Aquiles y, por tanto, como el punto de aplicación del esfuerzo ideológico opuesto al proyecto de integración latinoamericano.

En Venezuela se disputarán 165 diputados de la Asamblea Nacional. La particularidad está centrada en el hecho de que todos los que se retiran son afines al gobierno. Habían llegado a sus cargos en 2005 al capitalizar un error fenomenal del espectro “antichavista” que en aquel año decidió no presentarse a elecciones sin evaluar que de esa forma cedía todo el poder al partido gobernante.


Así, la situación venezolana es tal que cualquiera sea el resultado del comicio, Hugo Chávez contará con menos voluntades en el parlamento y, por ende, tendrá más dificultades en promover las leyes que agilicen la revolución bolivariana.


La batalla ideológica que signa el presente momento histórico sudamericano se inscribe en un
enfrentamiento de carácter global con actores perfectamente embanderados en líneas de pensamiento encontradas.

Así, acompañan a Brasil y Venezuela en el camino rotulado como
“progresista” países como Argentina, Uruguay, Paraguay, Nicaragua y Ecuador. Del otro lado y siguiendo el rumbo “conservador” que marca Estados Unidos encontramos a Colombia, Panamá, Perú, Costa Rica, Honduras, México y Chile.

Este último agrupamiento acompaña la lucha que desde Washington intenta oponerse a la tendencia mundial al multilateralismo amparado desde la óptica neoliberal que propone la salida de la crisis global con el ajuste como herramienta de cabecera y el mantenimiento de las organizaciones supranacionales imperantes antes del colapso.


Las recetas conocidas son las de los teóricos del “libre mercado” y consisten en materializar tratados binacionales de libre comercio;
la miniaturización de los Estados; la disminución de los planes sociales; la privatización de los recursos naturales; la toma de créditos usurarios y el achicamiento de los salarios.

Del lado progresista, en cambio, la propuesta es justamente la contraria e insiste en el
rol de los estados como reguladores de una economía que, contemplando un desarrollo productivo sustentable, produzca bienes y servicios de alcance universal.
Con estas fuerzas en oposición, la coyuntura electoral latinoamericana del próximo mes representa una nueva etapa de la disputa. Atrás queda como muestra la ruptura constitucional dada en Honduras hoy disfrazada de “democrática” tras unos comicios amañados para legitimar al actual mandatario Porfirio Lobo -conductor del giro ideológico a favor de los intereses conservadores- como reemplazo del cesanteado Manuel Zelaya quién se alineaba con el sector “progresista”.

También como parte de la disputa ideológica en el campo de batalla regional se inscriben los
intentos destituyentes sobre el presidente de Paraguay Fernando Lugo o la desgastante pelea diaria que sostiene la mandataria argentina Cristina Fernández contra los grupos económicos concentrados representados por la oposición política con representación parlamentaria y los oligopolios de prensa.

Sobre el resto de los países del bloque progresista pesa el perenne esfuerzo que tiende a aislarlos de la comunidad internacional.
Son los casos de Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

Entrelazada a la disputa ideológica descripta y en forma simultánea, el momento electoral es acompañado por amenazadoras medidas de orden belicista caracterizadas por el despliegue de tropas y medios estadounidenses y también por la construcción de alianzas militares que en algunos casos pasan por el otorgamiento de permisos de usufructo de bases sudamericanas para el asentamiento de efectivos y en otros casos promueven el desarrollo de acciones directas como el Plan Mérida o el Plan Colombia.


No es casual que durante el último mes tanto desde el gobierno peruano como desde el de Costa Rica se haya reclamado –sin la menor vergüenza- a Estados Unidos una participación militar al estilo de Colombia y México para sus territorios o la insistencia en la ejecución de ejercicios combinados en territorios latinoamericanos –Panamá y Perú- que tras la fachada del combate al narcotráfico son una amenaza de fuerza para gobiernos democráticos de ideologías diferentes.


Otra pieza interesante del momento histórico es sin dudas
la participación descaradamente parcial de los grupos mediáticos concentrados del continente americano.

Para el caso Venezolano, el esfuerzo por satanizar la figura del presidente Hugo Chávez es tan fuerte desde el exterior como desde el ámbito local y cualquier esfuerzo por denunciar tal situación, desde la figura del “terrorismo mediático” es considerado y respondido como un “ataque a la libertad de expresión”.


En la formidable campaña mediática de desgaste, el presidente bolivariano ha sido -y es- acusado de casi cualquier cosa imaginable: fraude electoral; permitir santuario a fuerzas de las FARC; utilizar la censura sobre la libertad de expresión; carecer de gestión de infraestructura que evitase la escasez de agua y electricidad o achacarle al mandatario la responsabilidad última por la “creciente inseguridad” ciudadana.


Sin embargo pocos conocen -y a pocos interesa comprender- que en Venezuela,
el 80 por ciento del espacio radioeléctrico es privado y que, en esas circunstancias, los ataques al presidente son posibles gracias a un enorme grado de libertad de expresión.
Tampoco importa que en los últimos 12 años Venezuela ha pasado por más de una docena de procesos eleccionarios sin que reconocidas entidades especializadas en vigilar elecciones hicieran observación alguna; que el país acaba de soportar una sequía histórica que consumió las reservas de agua y afectó la generación de energía o que la inseguridad ciudadana en Venezuela es histórica y tiene entre sus causas una pésima estructuración de las organizaciones policiales y una también histórica y desequilibrada distribución de la riqueza.

En Brasil,
la prensa oligopólica opositora ha tenido más problemas por atacar el modelo ideológico gobernante debido a que es difícil revertir la táctica imperante hasta hace poco consistente en elogiar la figura de Luiz Inacio Da Silva en oposición a la de Hugo Chávez, Evo Morales, Fernando Lugo o Cristina Fernández.

Parece ser que en la desesperación por demonizar al bolivariano se tardó en comprender que Da Silva y su concepción política de Brasil como locomotora de una América Latina progresista era el verdadero objetivo decisivo: ningún proceso integrista en Sudamérica puede prescindir de Brasil.


El error cometido sobre la importancia de Brasil en el concierto mundial motivó un esfuerzo de acercamiento al Planalto desarrollado por la diplomacia de Washington en los primeros momentos de la gestión Obama, que finalmente se agotó por la persistente iniciativa brasileña de mediar en la cuestión iraní.


Esta situación ha motivado, sin demasiado éxito ni el suficiente entusiasmo, el
camino alternativo de atacar mediáticamente el pasado de la nueva candidata, dado que no resulta digerible dañar la figura de Da Silva que hasta hace muy poco era entronizada.
Sin embargo no sería aventurado predecir que aunque Rousseff parezca tener bajo control el desafío electoral, no la tendrá fácil en el futuro para gestionar desde el Planalto. En ese sentido Sudamérica ya cuenta con el antecedente de Cristina Fernández, quién no ha tenido un día de descanso en su gestión luego de acceder a la primera magistratura con relativa facilidad.

La situación conceptual del rol de la prensa, más que nunca hoy en desarrollo desde las academias en esfuerzos teóricos de notable factura, parece anclada en antiguos paradigmas objetivistas y usos anglosajones muy difíciles de erradicar del imaginario social de los países periféricos.


En la práctica,
los ataques desatados por la prensa concentrada parecen ser un formidable adversario blindado a cualquier novedad y, su visión parcializada disfrazada de ecuanimidad, sigue teniendo un peso decisivo sobre las mayorías con derecho a voto.
En este sentido, solo Argentina parece estar obteniendo una ventaja sobre lo que se considera la “madre de todas las batallas” merced a la
sanción de una revolucionaria ley de medios audiovisuales cuyos objetivos más claros son la destrucción de oligopolios mediáticos y la búsqueda de la pluralidad de voces.

Resulta notable que muchos argentinos no perciban que la sanción de su novedosa ley de servicios audiovisuales representa un triunfo a nivel mundial y que su proceso de construcción y sus efectos son cuidadosamente monitoreados desde todos los rincones del planeta. Es más, ni sus mismos constructores pueden visualizar en toda su amplitud los límites del cambio que se producirá en la vida democrática cuando dicha ley se encuentre en efectiva franquía.


Por otra parte, la generalización de dicha ley en Sudamérica sería una gran contribución para afianzar el modelo de integración regional que lidera Brasil, secunda Venezuela y cuyo futuro se juega en estos próximos treinta días.

Y señores, esto que se viene es solo el precalentamiento de una batalla que sin dudas será digna de ser vista desde el ring side: las presidenciales argentinas de 2011.
dghersi@prensamercosur.com.ar

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